Antes de despedirnos del Museo de Historia Natural de Nueva York y gracias a las magníficas fotos de Tawaki tomaremos contacto con unos animales de los que ya no quedan más que los esqueletos y si estos nos dejan asombrados imaginaros lo que sería haber podido contemplarlos cuando eran los dueños y señores de la Tierra.
Podemos empezar por el Brachinosaurus, uno de los más grandes dinosaurios que se conocen. Tenía una constitución similar a la de las jirafas, largas patas delanteras y largo cuello. En cuanto a sus extremidades el primer dedo de las patas delanteras y los tres primeros de las traseras tenían garras. Al parecer se movían en manadas.

Otro de buen tamaño era el Apatosaurus, también conocido como brontosaurio. Los científicos creen que cuando caminaba no arrastraba su larga cola si no que la mantenían levantada un par de metros sobre el suelo lo que evitaría que ellos mismos se la pisaran o que estuviera al alcance de los depredadores. Se cree también que para ayudarse a digerir la comida tragaban piedras ya que sus quijadas no eran suficientes para masticar las plantas.

Veamos ahora al Alosaurio. Era carnívoro y se alimentaba de pequeños dinosaurios. Sus miembros delanteros eran más cotos que los traseros y tenían garras parecidas a las de las águilas. Su cráneo presenta unas protuberancias delante de cada ojo que no se sabe que función tenían. Se cree que la forma de atacar a sus presas era acecharlas y luego asestarles un fuerte golpe de mandíbulas moviendo su cabeza arriba y abajo como un hacha.

Y aquí tenemos al que se cree antepasado de los elefantes, el Gomphotherium. Casi todos tenían cuatro colmillos y se cree que también tenían trompa aunque no todas las especies poseían las mismas características. La trompa era móvil y prensil y estaba adaptada para realizar movimientos precisos como arrancar plantas y llevárselas a la boca. También la utilizaban para remojarse en el baño o para echarse barro y protegerse de los insectos.

De estos grandotes nos acercaremos ahora a uno quizás de los más conocidos gracias a las películas, el Tyrannosaurus rex. Un carnívoro bípedo con una gran cabeza y un cuello grueso, musculoso y corto. Sus miembros traseros son largos y poderosos mientras que los delanteros son pequeños y terminados en garras. Se dice de él que era el más feroz y fuerte de todos los animales que habitaron en aquella época.

Veamos ahora uno muy curioso, el Panochthus. Está relacionado con los actuales armadillos. Era herbívoro y por su constitución se supone que no era muy ágil. La parte superior del cráneo y el cuerpo estaban protegidos por una armadura formada por cientos de hojas redondeadas y la cola, corta y en forma de cuña, consistía en pequeñas bandas óseas con clavos pequeños utilizados para su defensa. Este caparazón era su defensa contra los depredadores.

Y para terminar y para variar un poco esta vez nos las veremos con un pez, el Xiphactinus. Era un gran pez al que se le atribuyen instintos caníbales. Poseía radios óseos que sobresalían del cuerpo y se introducían en las aletas para mantenerlas firmes. Sus mandíbulas tenían un gran tamaño y su cabeza era chata. Parece ser que se alimentaba de otros peces mas pequeños y de cualquier otro animal marino que se le pusiera al alcance.

¡Gracias Tawaki por estas buenísimas e interesantes fotos!













