Pero no hay fruta más sabrosa que la que se puede coger directamente del árbol, la pena es que muy pocos tienen acceso a ella, por eso si en alguna ocasión podéis acercaros a un frutal en la época idónea y si sus dueños os dan permiso, no dudéis de probar la fruta y comprobaréis que su sabor es mucho más delicioso que la fruta que encontréis en el mercado.
Hoy a través de las fotos nos acercaremos a algunos de estos árboles y recrearemos nuestros ojos con sus frutas aunque no podamos comérnoslas.

Los frutales nos esperan.

Nos topamos con una higuera.

Estos higos parecen decir ¡comedme!.

Este se abre un poco para dejar salir su aroma.

También nos encontramos con estas brevas.

Toman el sol para alcanzar su madurez.

Ahora podemos ver un castaño que desde aquí parece adornado con pompones.

Si nos acercamos vemos que esos pompones son como erizos llenos de púas.

Y dentro de cada uno de ellos bien resguardadas están las castañas.

Caminamos un poco más y nos encontramos con esta morera.

Su fruto rojo da nota de color entre tanto verde de la huerta.

No podía faltar un avellano.

Y aunque las avellanas se conservan mucho tiempo, mejor que nos comamos esta.

Como esta huerta es especial, Toupeiro plantó aquí un kiwi.

Y Nina no quiso ser menos y nos regala aguacates.

Chirimoyas.

Un banano.

Un limonero.

con su flor y su fruto.

Y por último este naranjo.

El limonero de Nina dio sus frutos en Asturias.

Lo mismo que el naranjo.

Cuyos frutos empiezan a madurar.

En mi tierra no puede faltar un manzano.

Con fruta como esta.

Algunos son manzanos pequeños pero se ven cargados de fruta.

Como esta, apetitosa ¿verdad?.

¿Sería una como esta la manzana que tentó a Adán y Eva?

No todas las manzanas son rojas, con estas amarillas abandonamos la huerta que no conviene pasarse con la fruta.



























