Creo que merece la pena contemplar paisajes tan diferentes con los que la naturaleza adorna toda la tierra. A Australia la dotó de una tierra roja muy llamativa y de otras cosas que veréis a continuación.

Comencemos a recorrer el camino.

Nos encontramos con estas “piedrecillas”.

Y esta otra que se abrió por la mitad.

Aunque los árboles estén verdes, su alfombra es de hierba amarilla.

Un pequeño y refrescante río.

Entre la vegetación surgen dos lagunas como ojos y un arenal.

Los arenales luchan con la vegetación para ir ganando terreno.

Una gruta en la que se cuela una cascada.

Surge de pronto una extraña montaña totalmente roja.

Pero es efecto del sol, porque por este lado se ve sólo rojiza.

Lo mismo que por este otro.

También podemos ver muchas y variadas playas, como ésta que parece interminable.

O esta de arenas tan blancas.

O esta en donde al bajar la marea deja un bonito dibujo de ondas en la arena.

Y esta otra en donde las aguas no parecen reales.

Volvemos a la tierra roja para visitar este cañón en donde la vegetación se niega a desaparecer.

Y ahora el paisaje rojo es en forma de montañas.

Pero también puede ser llano donde la vegetación se agarra con fuerza al suelo y algunos pequeños árboles adornan el paisaje.

Pero no todo es tierra roja, a veces queda tapizada por plantas verdes y un árbol seco que no está exento de belleza.

Cae la tarde y nos sorprende esta extraña puesta de sol tan llena de colorido.

Y con esta otra que nos avisa del final del día despedimos el recorrido por los paisajes de esta tierra.




















