
Silencio y verdor.

Un pequeño río que produce un suave murmullo.

Rumor que aumenta al llegar a esta cascada.

Árboles viejos de troncos retorcidos

que a pesar de haber perdido sus hojas son majestuosos.

O este otro que por mucho que lo poden él se empeña en volver a vestirse de verde.

O este otro que podríamos llamar el de muchos brazos.

Y que decir de las aves que nos podemos encontrar, como esta lavandera.

El zorzal, al que en mi tierra se le llama malvís.

El mirlo con su plumaje negro y su pico naranja.

El asustadizo jilguero que no quiere dejarse fotografiar

y vuela raudo a esconderse entre las ramas de un árbol.

O el sencillo gorrión, tan abundante como inquieto.

Las urracas que aquí se conocen como pegas.

Y aunque no estemos en la costa, también podemos ver gaviotas.

Un caracol muy acomodado.

Un cardo colaboración de Almena.

Y otro que encontré yo.

No hay duda de que aquí hay belleza y elegancia.

Lo mismo que aquí.

Al caer la tarde se termina el paseo, pero mañana podemos encontrar muchas más cosas bellas.
Nota: Estas fotos no son sólo mías, además de Almena, colaboraron también mi hermano y una de mis sobrinas.






















