Nos ofrece la sombra que proyectan los árboles en los parques
mientras disfrutamos de la botánica.
Nos invita a visitar las montañas en dónde la brisa es más fresca.
Nos ofrece el agua cristalina y fría de sus fuentes.
Guarda para nosotros el agua que el hombre encerró en los embalses creando un entorno bello y acogedor.
Y por supuesto ahí está el mar.
La gaviota nos enseña que acercándonos a las olas nos podemos refrescar.
A veces rompen con fuerza y cae una fina lluvia salada
que si no nos apartamos a tiempo nos deja calados.
Pero también nos ofrece un paseo lejos del mar para disfrutar de la frescura que proporcionan los árboles que bordean el camino
con sus zonas de sol y sombra
y lugares para descansar cerca del río
que puede discurrir apacible
o saltarín entre las piedras.
Y nos ofrece también la posibilidad de descansar en este bello rincón, fresco y tranquilo, escuchando el sonido cantarín de la cascada.